Botanica

En Botanica y desde Engordany, en Andorra, Sara Valls Magallon recoge, de las plantas que le proporciona la naturaleza, tota una gama de tintes que trata siguiendo distintos procesos y técnicas. Paralelamente, diseña y confecciona piezas de ropa de todo tipo: para bebés (gorritos, muselinas…), bolsas, mochilas, monederos, tote bags y ropa (camisetas, kimonos, pañuelos…), teñidos con los colores y estampados de las plantas. Cada pieza lleva su sello personal, vinculado al conocimiento del territorio y de su flora.

Tejidos, ropa y complementos a base de tintes naturales del Pirineo

Nació en los Pirineos, en Escaldes-Engordany, y todo lo que recuerda de sus años de infancia ya la vinculan a la naturaleza y al territorio de montaña. Es Sara Valls, quien nos explica que, después de viajar por el mundo durante unos años, sintió la necesidad de regresar a casa: «Fue todo un poco catártico. Siempre me había imaginado viviendo fuera de Andorra, supongo que por la ganas de salir a conocer mundo. Pero en el último gran viaje que hice, que resultó ser muy introspectivo, entendí que quería volver a mi tierra, que le pertenecía y que quería conocerla mejor y dedicarme a ella. En aquel momento no sabía de qué modo iba a hacerlo, pero un primer paso fue regresar a Andorra para instalarme allí.»

Fascinada desde siempre por el mundo de las plantas medicinales, las plantas silvestres comestibles y por la naturaleza como fuente de todo aquello que necesitamos para vivir, acostumbra a decir que en casa «somos un poco brujas. Siempre nos hemos curado con tisanas de todo tipo (o ‘aigua bona’, que es como nos las presentaban cuando éramos pequeños), jarabe de pino, aceite de hipérico o de árnica… De pequeña no me gustaba demasiado todo eso con sabores extraños, pero al crecer fui entendiendo de qué se trataba y lo que suponía tanto en el ámbito de la salud como en el del conocimiento y el aprovechamiento del medio, y ¡eso me encantó!».

Un día hizo un descubrimiento que le cambiaría la vida. La naturaleza podía proporcionar alimento y medicina, ¡pero también colores! Y esta fue la chispa que dio vida a Botanica, un proyecto lleno de creatividad que le permite desarrollarse profesionalmente en plena naturaleza y en simbiosis con ella. «Después de dedicarme un tiempo a la docencia y a la educación social, ya que me formé en Bellas Artes y en Educación Social —nos comenta—, descubrí por casualidad los tintes naturales y empecé a dedicarle cada vez más tiempo, hasta convertirlo en mi oficio. Me lo da todo: tiempo  para pasar en la naturaleza, creatividad en el taller e infinitas posibilidades para hacer crecer el proyecto de muchas maneras.»

Inquietudes, aprendizaje y mucha creatividad

Inquieta por naturaleza, explica que le encanta explorar nuevos lugares y vivir nuevas experiencias (dice ser una sagitario convencida). Comenta que siempre ha ido picoteando, probando cosas diferentes, viviendo en distintos lugares, intentando encontrar aquello por lo que valiera la pena vivir. «Desde niña me animaron mucho a experimentar, y me introdujeron en la cultura en todos sus aspectos», un hecho que le marcó para siempre.

Formada en Bellas Artes y en Educación Social, siempre ha tenido la suerte de poder dedicarse tanto a un ámbito como al otro. «He sido maestra acompañante de educación espacial, profesora de artes plásticas y educadora social. Todos estos trabajos me han aportado aprendizajes muy diversos, pero ninguno ha conseguido llenarme como para dedicarme a él durante mucho tiempo. Además, no he dejado nunca la creación artística, formando parte de colectivos artísticos, creando obra o bien organizando eventos y festivales.»

El camino hacia la plenitud profesional, sin embargo, le ha conducido hasta Botanica: «Me adapto con facilidad a cualquier situación. Soy muy buena haciendo lo que me gusta, pero muy mala si he de dedicarme a cosas que no me apetecen o me aburren, y soy muy, muy indecisa. Por eso estoy muy contenta de haber iniciado este proyecto: cada día es diferente, hay muchísimas plantas con las que experimentar, procesos distintos que me hacen descubrir nuevos estampados.»

Formada en Bellas Artes y en Educación Social, desde niña la animaron mucho a experimentar, y la introdujeron en la cultura en todos sus aspectos, un hecho que le marcó para siempre.

Emprendiendo Botanica… y también una nueva vida

Botanica surgió en un momento en el que Sara sentía que tenía que tomar una decisión acerca de a qué quería dedicar su tiempo. «Hacía un año que estaba trabajando en un empleo a media jornada que me permitía dedicar unas horas al proyecto. Al quedarme embarazada de mi hija y estar segura de querer dedicarme un tiempo a la crianza, tuve que tomar una decisión. Dedicaría media jornada a mi hija, pero… ¿a qué iba de dedicar la otra mitad? Al llevar ya un cierto tiempo de rodaje y saber que el proyecto podía funcionar, decidí dejar el trabajo y sacar adelante Botanica.»

«Botanica, para mí, es un proyecto de vida. La emprendeduría es un proceso tan amplio y complejo que siento que nunca me aburrirá. Cada día es distinto y un reto a superar, siempre con nuevos aprendizajes. Siento que, por fin, tengo un trabajo que puedo ir adaptando a mis necesidades, con el cual puedo desarrollar mi creatividad, las ganas de aprender y de innovar, mi pasión por enseñar y compartir un conocimiento mágico…, ¡lo tiene todo!»

Antes de emprender esta iniciativa, Sara no se había dedicado nunca al textil y poca cosa sabía de ello. «Lo que me cautivó fue la conjunción entre el mundo de las plantas y el de la creación. A través del trabajo con los tintes he ido aprendiendo cada vez más cosas acerca del mundo textil y me he cruzado con profesionales que me han enseñado mucho.»

Ahora vive y trabaja en el entorno que la ha visto nacer y crecer —«¡soy de Escaldes-Engordany de toda la vida!»—, y el taller lo tiene en la Era Mateu, una construcción de principios del siglo XX, típica del Pirineo y situada en pleno centro del pueblo: «Yo era vecina de uno de los propietarios, que me veía haciendo los mil y un inventos alrededor de la casa para trabajar: me iba al camino de piedra con todos los utensilios y tejidos para estampar texturas, subía y bajaba cargada con flores y hojas, tenía el tendedero de casa siempre lleno de ropa que pasaba del blanco a muchos colores… Un día me dijo que si me interesara tener un taller, tenía un espacio sin utilizar y me veía trabajando allí. Y la verdad es que es el espacio ideal: un lugar precioso y con mucha historia y ¡con un abrevadero y un lavadero en la puerta!»

Sara, cautivada por la conjunción entre el mundo de las plantas y la creación, vive en el entorno que la vio nacer y crecer, Escaldes-Engordany, y tiene el taller en la Era Mateu, una construcción de principios del siglo XX, típica del Pirineo y situada en pleno centro del pueblo.

La naturaleza como fuente de todo

Su vínculo con el entorno se fundamenta en el respeto y el agradecimiento, porque la naturaleza es la base, la fuente de todo. Botanica, en tanto que pequeña empresa, representa en sí misma esta relación en la que el respeto y el conocimiento de las plantas tintóreas implica una rutina más pausada vinculada al territorio, a la exploración constante y a procesos creativos diferentes cada día.

Desde la Era Mateu, Sara se provee de las plantas tintóreas pero también de alimentos de los cuales extrae colores (con la colaboración de familiares, amistades y clientes que le aportan «materias primas» como piel de cebolla, de granada o huesos de aguacate). Todo ello implica conocer los ciclos y los cursos de la naturaleza, saber cuándo es el mejor momento para recoger las plantas, secarlas para tener todo el año, transformar las flores, hojas o pieles secas en colorantes…, y a la vez diseñar prendas, confeccionarlas y, finalmente, teñir los productos en los que estos colores tomarán nueva vida.

«Me siento privilegiada al poder trabajar en una era en pleno centro del casco antiguo de Engordany. El lugar es mágico: es un rincón perdido en el tiempo que te transporta a la esencia de los pequeños pueblos pirenaicos, aun estando a cinco minutos de la arteria comercial de Andorra. Creo que poder trabajar en este entorno me hace vivir de una manera más profunda el trabajo artesanal.» Como todo, estar aquí tiene ventajas —«es idílico, está cerca de casa, se aceptan perros y bebés (ideal para conciliar trabajo y familia de la mejor manera posible), y a las clientas les encanta venir de visita y descubrir el barrio»— y desventajas —«no tenemos baño y hace mucho mucho frío en invierno»—, pero Sara trabaja allí encantada. Al mismo tiempo, en Engordany disfruta con deleite de los momentos de calma: «Aunque me encanta rodearme de las personas que amo, cada vez disfruto más de los momentos de soledad. Por suerte, ¡porque la maternidad y una pandemia me han abocado a ello de pleno!»

Su proyecto es un buen ejemplo de fusión con el territorio y sus frutos, en todo momento y en cualquier estación. «La naturaleza me aporta lo más importante, la materia prima. Con cada estación llega la cosecha de plantas diferentes que me proporcionan distintas gamas de colores. Así que mi calendario de trabajo depende de los ritmos de la naturaleza para poder salir y proveerme de las plantas que necesito para teñir a lo largo de todo el año.»

Botanica, en tanto que pequeña empresa, representa una relación en la que el respeto y el conocimiento de las plantas tintóreas implica una rutina más pausada vinculada al territorio, a la exploración constante y a procesos creativos diferentes cada día.

El taller, los procesos

El proceso de trabajar con tintes naturales está reñido con las prisas. Implica paciencia y tiempo. Son muchos procedimientos y técnicas, desde que se recogen las materias primas para extraerles el colorante hasta el momento de teñir la ropa. Hay que pensar y confeccionar cada producto, imaginando estampados y gamas de colores. «La verdad es que el hecho de que las plantas nos den colores, además de alimentos y medicinas, nunca ha dejado de fascinarme. Hallo una gran belleza en cada pieza que tiño y que muestra la esencia de la planta. Me encanta experimentar variando los procesos tradicionales para encontrar variaciones de color y nuevas texturas. Después, en el momento de la confección, me entretengo mucho combinando los distintos colores. Creo que todos quedan bien los unos con los otros, y esto me lleva a hacer productos únicos e irrepetibles, todos ellos con combinaciones diferentes de colores y texturas. La labor no es nunca monótona, si bien a menudo hay momentos en los que, sencillamente, hay que esperar a que la química haga su efecto y el color, los tintes naturales, pasen de las plantas al tejido».

El proceso de trabajar con tintes naturales implica paciencia y tiempo. Son muchos procedimientos y técnicas, desde que se recogen las materias primas para extraerles el colorante hasta el momento de teñir la ropa. Y hay que pensar y confeccionar cada producto.

Sara está en contacto permanente con la naturaleza y el entorno. Para elaborar sus productos acostumbra a utilizar plantas autóctonas de los Pirineos que recoge ella misma, y restos de plantas comestibles: «En el taller tengo tres categorías de plantas: las que recojo, las que recupero (y que la gente me ayuda a recuperar) de la cocina y las que compro. Las que recojo son hojas de abedul y de roble, hipérico, pieles de nuez, manzanilla, clavel moro, agallas de roble, hojas de castaño. Casi todas las recojo entre el verano y el otoño, la mayoría en estado silvestre; algunas las cultivo en el huerto y otras —como el clavel moro— tienen una historia más graciosa: aquí en Andorra las rotondas y las zonas ajardinadas públicas están llenas de claveles. En otoño, los servicios de medio ambiente de los ayuntamientos cambian la flores para poner unas que soporten el invierno. Como las que retiran las tiran, me coordino con ellos para recogerlas justo antes de que las vayan a quitar. ¡A esto lo llamo plantas de segunda mano!»

«Las que recupero de la cocina son pieles de cebolla, de granada y la piel y el hueso de los aguacates. Tengo la gran suerte de que muchos amigos, familiares, conocidos y seguidores del proyecto van guardándome las pieles en su casa y me las dan cuando tienen una bolsa llena. Me encanta esta pequeña red de recuperación que se ha creado y les estoy inmensamente agradecida porque, gracias a ello, dispongo de materia prima durante todo el año y ¡en cantidades que me permiten hacer muchas tintadas!»

Finalmente, cuenta asimismo con otro tipo de plantas que le proporcionan colores que no encuentra en el territorio o extractos de plantas que ayudan a las otras a extraer o fijar mejor el color. «Otras plantas, como el índigo, la roja, la cochinilla (que es un insecto), o extractos de plantas que necesito en el taller, las compro a proveedores franceses o españoles que se dedican a la comercialización de productos para la tintura natural.»

Sara está en contacto permanente con la naturaleza y el entorno. Para elaborar sus productos, acostumbra a utilizar plantas autóctonas del Pirineo que recolecta ella misma, y restos de plantas comestibles.

Tonalidades que inspiran y aportan felicidad

Los colores son su inspiración: «los miro y enseguida veo mil combinaciones posibles. Y ahora que conozco toda la gama de colores que ofrece cada planta, me es muy fácil diseñar estampados que potencien su belleza». Cuando crea se siente feliz y agradecida por poderse dedicar a este oficio que le satisface tanto. «Además, también me encanta el trabajo que hago para comunicar mi proceso de trabajo y compartir estos conocimientos con todas las personas que me siguen.»

Su proceso creativo se basa, pues, en el color y en los posibles efectos estéticos que puede conseguir con el proceso de tintura natural: color liso, tie-dye, estampación botánica (estampar directamente las plantas sobre el tejido), o el estampado de motivos siguiendo diversas técnicas de estampado textil (serigrafía o blockprint).

Una vez dispone de las plantas tintóreas, hojas, flores…, las seca para poder tener tinte el resto del año. Después prepara los distintos tejidos con un proceso de mordentado (una especie de fijación), que además potencia el que aparezcan diferentes colores a partir de una misma planta. Para crear texturas o motivos estampados espesa los mordientes (sustancias fijadoras) para conseguir una textura de tinta que le permita pintar e incluso estampar. «De esta forma puedo utilizar técnicas de estampación textil como la serigrafía o el blockprint como si estuviera haciéndolo con tinta industrial.» El uso de ácido cítrico para eliminar los mordientes cuando hace falta, el baño de tinte para que aparezca el color y la aplicación de un baño oxidante para obtener el color definitivo son otros procedimientos utilizados hasta llegar al resultado final.

«A veces —comenta— diseño la pieza final y trabajo a partir de los motivos y colores que quiero conseguir, trabajando sobre el patrón para colocar los motivos en su lugar. Cuando sé exactamente cómo quiero que salga la pieza final, aplico todos los procesos de una manera muy controlada. En otras ocasiones, sin embargo, me dejo inspirar por los colores y tiño y estampo metros de tela y texturas para después combinarlos de muchas formas distintas. Al final todo son piezas únicas e irrepetibles.»

«Ahora que conozco toda la gama de colores que ofrece cada planta, me es muy fácil diseñar estampados que potencien su belleza.»

Colores resistentes y únicos, en prendas con mensaje

En la página web de Botanica, Sara explica cómo cuidar de la ropa teñida con tintes naturales. Comenta que estos tintes «proporcionan colores resistentes que nada tienen que envidiar a los colores industriales ni en intensidad ni en durabilidad. Pero para que así sea, hemos de tratarlos de una manera especial, teniendo en cuenta que son sensibles al pH y a la exposición directa y prolongada a la luz solar. También hay que tener presente que el tejido es 100% natural y puede ser más delicado que según qué tejido sintético».

Vende sus productos a través de su tienda on line —gorritos y muselinas para bebés, bolsas, mochilas, monederos, tote bags, ropa (camisetas, kimonos, petos, pañuelos…)—, y ofrece a diseñadores/as profesionales o amantes de la costura tejidos orgánicos o teñidos para que puedan aportar un valor añadido a sus creaciones trabajando con «una materia prima de proximidad y producida a partir de un proceso artesanal, natural y libre de tóxicos. Y sobre todo, con mucha dedicación y amor por el oficio y la naturaleza».

Sara explica que sus piezas son «para amantes apasionados por la naturaleza, personas a quienes les fascina saber que los colores de lo que llevan puesto son fruto de la decocción de una planta. Esto te transporta de lleno a la naturaleza y, una vez estás ahí, te conecta con lo que te rodea, buscando siempre a ver si encuentras la planta con la que ha sido teñida esa pieza, viendo colores en las hojas, árboles y flores. Son consumidores conscientes que buscan comprar menos y de más calidad, sabiendo que la pieza que adquieren ha sido confeccionada a partir de procesos sostenibles y en buenas condiciones laborales».

En la página web de Botanica Sara vende sus productos —gorritos y muselinas para bebés, bolsas, mochilas, monederos, tote bags, ropa…—, y ofrece a diseñadores/as profesionales o amantes de la costura tejidos orgánicos o teñidos para que puedan aportar un valor añadido a sus creaciones.

Dedica parte del tiempo que pasa en el taller a hacer fotos y vídeos para capturar su proceso de trabajo y compartirlo. «Creo que las personas que adquieren una de mis piezas lo hacen precisamente porque aprecian y valoran el trabajo y el conocimiento que hay tras cada una de ellas.» Y es que, además del tiempo y la dedicación necesarios para hacerlas posible, hay que tener en cuenta, solo como ejemplo, que para teñir 1 kg de tejido, ¡se necesita 1 kg de planta de seca!

Su taller de la Era Mateu, junto al antiguo lavadero de Engordany, donde aclara y lava la ropa que tiñe, «como debían de hacerlo, no hace tantos años, otras mujeres», puede visitarse concertando previamente día y hora. «Últimamente he organizado un pequeño rinconcito de exposición para que, quien venga, pueda ver mis piezas. Además, se me puede encontrar en prácticamente todos los mercados que se hacen en Andorra y estoy sopesando la posibilidad de exponer productos en distintos establecimientos, de Andorra y de Cataluña, que se han interesado por mi labor.» Además actualmente Sara está trabajando para abrir un apartado de aprendizaje en línea, donde ofrecerá cursos de tintes naturales a todas las personas que deseen introducirse en este mundo y a profesionales del textil que quieran aplicar procesos de tintado y estampado más sostenibles a sus marcas.

«Creo que las personas que adquieren una de mis piezas lo hacen precisamente porque aprecian y valoran el trabajo y el conocimiento que hay tras cada una de ellas.»

Vivir y disfrutar del día a día

Seguimos hablando de proyectos pero siempre vinculados al momento actual: «Es curioso. Desde que me dedico a Botanica no pienso demasiado en el futuro… quizás porque el presente es ya lo suficientemente intenso. La verdad es que me estoy dejando llevar por el proyecto y la vida, y de momento me gusta por dónde me llevan. Una cosa que sí que imagino diferente y que espero poder hacer realidad es vivir en un entorno más rural que el centro de Andorra, un lugar donde poder tener el taller y el huerto en casa. ¡Eso me haría aún más feliz!»

Sara cree que hoy más que nunca es imprescindible poner en valor las expresiones artísticas genuinas como atractivo patrimonial para dinamizar el territorio. «El atractivo de un territorio, además de la belleza del entorno, es su identidad cultural. La globalización y la sociedad de consumo nos han homogeneizado y eso, en Andorra, se ha hecho evidente en los últimos años: ya tenemos aquí a todos los ‘grandes’ que encuentras por todo el mundo, como Hard Rock, Starbucks, Zara, Mango… Pasear por el centro es como pasear por cualquier otra ciudad del mundo. Y entonces, ¡las instituciones se gastan millonadas en estrategias para atraer al turismo! Creo que el turismo busca autenticidad y eso solo se consigue si se valora y se promociona la identidad propia, y esta la generan las personas del territorio con sus pequeños proyectos, la agricultura, la artesanía, el arte…»

Por este motivo hace un llamamiento a impulsar proyectos con alma en este entorno que tanto ama: «Para mí el Pirineo es un territorio mágico, de una gran belleza y con una energía generadora increíble. Creo que cualquier persona que venga con muchas ganas de emprender un proyecto aquí podrá desarrollarlo y desarrollarse. ¡Hemos de aprovechar la facilidad que nos ofrece la tecnología para estar conectados al mundo, para encontrar el territorio que nos conecte con la tierra!»



Botanica

Tejidos, ropa y complementos a base de tintes naturales del Pirineo

Camí de la Font, 5
AD700 Escaldes-Engordany
Andorra

Teléfono: +376 399 431

https://www.colorbotanica.com

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Persona de contacto: Sara Valls Magallon

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