La Vella de Romadriu

Le gusta trabajar con las manos y vivir rodeada de montañas. Es Marta Tarrés, el alma de La Vella de Romadriu, la mujer y las manos que elaboran, de forma artesanal, piezas únicas y utilitarias de cerámica para disfrutarlas en casa, en la mesa, en la cocina… Desde Oliana, en el Alt Urgell, la naturaleza que le rodea es la fuente de inspiración que se transforma en vasos, tazas, cuencos, platos, jarras, macetas… Joyas creadas con delicadeza, concentración, esmero y tiempo, para ser utilizadas a diario.

Cerámica artesana utilitaria creada en Oliana e inspirada en el Pirineo

Tenía que buscar el nombre con el que daría a conocer sus creaciones y, para hacerlo, recorrió a la tradición popular vinculada al Pirineo. Recordó una historia que había oído contar cuando era pequeña y que hacía referencia a la sabiduría de la montaña, la leyenda de la Vella de Romadriu, y así fue como bautizó a su proyecto, como un homenaje al patrimonio cultural y natural, a los conocimientos que nos han llegado gracias a la transmisión oral y al paisaje que lleva grabado el paso del tiempo.

La naturaleza está presente en todo aquello que hace, y por eso las piezas de sus colecciones reciben nombres como tierra, cielo, universo, niebla, frambuesas, musgo, estanque, flores, pecas… Graduada en Bellas Artes y técnica en diseño gráfico interactivo, Marta explica que ha aprendido todo lo que sabe sobre cerámica en la Escuela de Cerámica de la Bisbal, con la maestra Dolors Ros. De estos conocimientos, y de la experiencia del día a día, han nacido todo tipo de creaciones.

En la página web www.lavelladeromadriu.cat explica cómo da vida a estas piezas, disponibles en su tienda en línea. Cada una nace de sus manos, creada artesanalmente en el torno, cuidando cada pequeño detalle y sin prisas, para que, una vez cocida y acabada, utilizarla sea cómodo y agradable. Amasar, tornear, dejar secar, pulir, volver a tornear, añadir los acabados —huecos, asas, caños—, cocer una primera vez a unos 1.000 grados, preparar los esmaltes, esmaltar, hacer una segunda cocción a más de 1.200 grados… son verbos vinculados a un proceso que requiere su tiempo y dedicación. El resultado: macetas, jarras, cuencos, tazas, platos y bandejas, cazuelas, tablas para el queso, saleros, teteras, argollas, velas, quemadores para aceites esenciales, jaboneras… y piezas por encargo; joyas que llenan nuestra de casa de sentido, porque nos transmiten cómo han sido creadas y para qué.

La naturaleza está presente en todo aquello que hace, y por eso las piezas de sus colecciones reciben nombres como tierra, cielo, universo, niebla, frambuesas, musgo, estanque, flores, pecas…

Hablamos con Marta para que nos descubra los secretos de La Vella de Romadriu, y este ha sido el resultado:

Si tuvieses que explicarle a alguien quién eres, ¿cómo te definirías?
Soy Marta, y me gusta trabajar con las manos y vivir rodeada de naturaleza. Mi obra, algunos trabajos anteriores en pintura pero, especialmente, las piezas de cerámica que hago actualmente, bebe de eso: del entorno que me rodea y me inspira, y de haber encontrado la manera de crear aprovechando mis manos como herramienta.

¿Cómo describirías tu trayectoria vital hasta el día de hoy?
Nací en Andorra, donde viví hasta que fui a estudiar bellas artes a Barcelona. Mi madre es hija de Oliana, en el Alt Urgell, de manera que, al acabar la carrera, me instalé allí. Continué formándome en diseño web en la escuela Ondara de Tàrrega y empecé a trabajar en ese ámbito, pero, aunque seguía pintando, echaba de menos el trabajo manual. Así que empecé a hacer cerámica de manera autodidacta en casa, pero en cuando me adentré un poco, se me abrió un mundo nuevo y sentí la necesidad de aprender más cosas.
Me fui a la Escuela de Cerámica de la Bisbal y, en un par de meses, aprendí todo lo que pude de la mano de Dolors Ros, la directora de la escuela y la maestra de torno que ha formado a la mitad de los ceramistas del país. Fue después de este periodo en la Bisbal cuando me sentí lo suficientemente fuerte como para lanzarme a mi proyecto personal.

«Me gusta el trabajo artesano y vivir rodeada de naturaleza. Mi obra bebe de eso: del entorno que me rodea y me inspira, y de haber encontrado la manera de crear, aprovechando mis manos como herramienta.»

¿Cómo ha sido tu evolución profesional? ¿Te has dedicado siempre a esta faceta artística?
En bellas artes me especialicé en dibujo y pintura, pero lo que me permitió empezar a ganarme la vida en ese ámbito, fue el diseño gráfico y el diseño web. Sin embargo, aun siendo un tipo de formación que me ha ido muy bien para ser más autosuficiente en mi proyecto, no me llenaba; no me veía trabajando muchos años en eso, y por eso continué probando materiales hasta dar con la cerámica.

¿Cuándo consideras que empezó y cómo, tu interés por los procesos artesanales?
Los primeros contactos con el barro los tuve en la Escuela de Arte de Sant Julià de Lòria, a la que asistí durante muchos años, mientras viví en Andorra. Tanto allí como en el colegio tuve la suerte de coincidir con muy buenos maestros que mantuvieron vivas en mí la curiosidad y las ganas de aprender. Más adelante, el hecho de venir a vivir a un pueblo pequeño, más en contacto con la tierra y huyendo del bullicio de Barcelona y de Andorra, me ha conducido hasta la artesanía como la forma de producción que mejor se adapta a mi manera de vivir.

¿Desde cuándo existe la Vella de Romadriu en Oliana?
A mediados de 2018 había empezado ya a hacer las primeras piezas de cerámica, pero me parece que no me creí del todo que la cosa iba en serio hasta que no tuve instalado el horno en el taller, en diciembre de 2019.

«El hecho de venir a vivir a un pueblo pequeño, más en contacto con la tierra y huyendo del bullicio de Barcelona y de Andorra, me ha conducido hasta la artesanía como la forma de producción que mejor se adapta a mi manera de vivir, con todo el respeto posible hacia el entorno.»

¿Cómo fueron los inicios del proyecto? ¿Te ha costado mucho ponerlo en marcha y llegar hasta aquí?
Supongo que todos los principios cuestan aunque se ponga en ellos mucha ilusión. Yo he querido hacerlo todo sin hacer grandes inversiones y eso lo ha alargado todo en el tiempo. Me hace especial ilusión trabajar con el horno que pertenecía al artista andorrano Sergi Mas, que es para mí todo un referente. El ya no lo utilizaba y lo regalaba a quien pudiera servirle, y a mí me fue como anillo al dedo. Se trata de un horno muy viejo y ponerlo de nuevo en funcionamiento supuso muchos meses de trabajo y reparaciones, pero me hace muy feliz haberle dado una segunda vida y que continúe produciendo cerámica pirenaica.

¿Qué significa para ti vivir en el Alt Urgell y en Oliana? ¿Qué te une a este territorio y por qué has decidido tener aquí el taller?
Oliana es el pueblo de mi familia materna. Pasé aquí buena parte de los fines de semana de mi niñez, y después de vivir en Barcelona durante los años universitarios, me apeteció quedarme sobre todo por la tranquilidad de vivir en un pueblo pequeño. Sí que es cierto que a menudo vivir aquí significa no poder optar a grandes trabajos o tener que desplazarte constantemente para asistir a actos culturales, pero buscas la manera de suplir aquello que encuentras a faltar. En mi caso, tengo también claro que quizás no me hubiera lanzado a este proyecto de haber vivido en un lugar más grande.

¿Cómo están presentes en tu vida la naturaleza y el vínculo con el entorno?
El tiempo que viví en Barcelona me hizo darme cuenta de que las ciudades desconectan de la naturaleza, de los ciclos de la tierra. Esta desconexión, que se da también en algunos ambientes rurales, ha hecho que nos parezca normal comer fresas en el mes de enero, o que hayamos demonizado el consumo de carne, porque solo disfrutamos de la naturaleza como parque de atracciones de fin de semana: nos volvemos a ir sin saber nada de lo que allí sucede durante el resto de la semana. En los pueblos hay gente joven, arraigada al territorio, que saca adelante proyectos preciosos y sostenibles de agricultura o artesanía. Quiero trabajar desde aquí para continuar manteniendo vivo el pueblo y, al mismo tiempo, soy consciente del privilegio que representa vivir rodeada de tanta naturaleza cada día.

«En los pueblos hay gente joven, arraigada al territorio, que saca adelante proyectos preciosos y sostenibles de agricultura o artesanía. Quiero trabajar desde aquí para continuar manteniendo vivo el pueblo, consciente del privilegio que representa vivir rodeada de tanta naturaleza cada día.»

Explicas que tus creaciones y colecciones de cerámica utilitaria desde macetas, cuencos o tazas hasta saleros, teteras o cántaros están llenas de dibujos, matices y colores asociados a elementos naturales, y así lo certifican sus nombres —tierra, cielo, universo, niebla, musgo, estanque, flores… ¿De qué manera te inspira la naturaleza y por qué y cómo escoges los motivos y las tonalidades?
Creo que has de despertarte de mejor humor si lo que ves desde la ventana es el paso de las estaciones en los campos de delante de casa, si te ocupas de un huerto o si puedes ir a pie hasta el taller y apenas cruzarte con algún coche. Creo que todo esto, día tras día, va calando y se acaba reflejando en las piezas. Los colores y los elementos que predominan en cada momento del año acaban apareciendo en los esmaltes que cubren las piezas de cerámica.

¿Cómo te sientes cuando creas?
Generalmente, muy bien. Me hace muy feliz tornear un pedacito de barro y que de allí salga la taza con la que alguien desayunará cada día. Hace que me sienta útil. No todo sale siempre a la primera y, en ocasiones, hay encargos que ponen a prueba la paciencia, pero de todo se aprende.

¿Cómo definirías tu relación con los materiales que utilizas? ¿Y con los esmaltes? ¿Los elaboras tú misma? ¿De dónde obtienes los pigmentos?
Utilizo diversos tipos de gres  que compro preparados —intento comprar, siempre que puedo, productos de origen nacional para que sean lo más cercanos posible. Trabajo con gres porque ofrece más dureza que el barro tradicional y lo que busco es que las piezas sean útiles y cómodas para el día a día, que no tengan que tratarse con demasiado cuidado, sino que puedan competir en comodidad con una vajilla comprada en una gran superficie.

Los esmaltes me los formulo yo misma: compro los elementos con los que se preparan y se crean los colores. El proceso requiere mucho tiempo de prueba y error; así, cuando tengo algo de tiempo para dedicarle, voy probando recetas para encontrar los colores y acabados que mejor representan aquello que tengo en mente.

«Creo que has de despertarte de mejor humor si lo que ves desde la ventana es el paso de las estaciones en los campos de delante de casa, si te ocupas del huerto o si puedes ir a pie hasta el taller. Creo que todo esto, día tras día, va calando y se acaba reflejando en las piezas.»

¿Anteriormente, habías trabajado con otros materiales y técnicas?
Empecé trabajando también con el barro rojo de la cerámica tradicional, además del gres, pero por una cuestión de ahorro de espacio y de materiales, me he centrado en trabajar la cerámica de alta temperatura, aunque continúo haciendo piezas de barro rojo por encargo.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo y desde dónde empieza, y cómo desarrollas nuevas ideas? ¿Cómo es un día cualquiera en tu vida?
No me siento a plantear ni esbozar en una libreta cómo serán las nuevas piezas, ¡aunque quizás sería bueno hacerlo! En ocasiones es la necesidad de una pieza concreta o intentar tornear una forma nueva, lo que hace que vayan surgiendo nuevos diseños. Quizás veo un plato en un restaurante o en una tienda que me gustaría adaptar, y otras veces es la misma clientela la que me dice cómo querría la pieza, y procuro hacer realidad lo que tiene en mente. También me gusta reinterpretar piezas de la alfarería tradicional, como las escudelles.

Los días son muy distintos dependiendo del trabajo que tenga. Hay días dedicados a tornear y pulir piezas en el torno. Hay días de esmaltado y de cocciones. Y, en medio de todo esto, mientras se enfría el horno o se secan las piezas, está la gestión de la web, las redes sociales y la tienda en línea, se han de preparar los pedidos, hacer los envíos y llevar la contabilidad.

«Me he centrado en trabajar la cerámica de alta temperatura, aunque continúo haciendo piezas de barro rojo por encargo. A veces es la necesidad de una pieza concreta o intentar tornear una forma nueva, lo que hace que vayan surgiendo nuevos diseños.»

¿Qué vínculo tienes con cada una de las piezas que creas en el torno? ¿Cómo se impregna en ellas tu esencia?
A cada pieza le dedico todo mi saber y mi tiempo, y es como un/a hijo/a. En ese sentido, tengo muchas criaturas, y todas diferentes. Además, cada pieza está firmada a mano: normalmente en la base de la pieza inscribo «La Vella de Romadriu», letra por letra, con unos sellos metálicos que mi padre utilizaba para marcar los collares de los perros de caza.

¿Qué quieres transmitir con tus piezas a quien las adquiere? ¿Qué crees que las distingue?
El consumismo comporta acumular objetos que acabamos abandonando o tirando. Querría que mis piezas sirvieran para parar un momento, para pensar en el valor de aquello que se compra, en cómo se ha producido, en qué condiciones laborales, y en qué se revierte el dinero que cuesta cada pieza. Cada pieza tiene el valor del trabajo hecho a mano. No podrá competir nunca en precio con piezas fabricadas en serie en la otra punta del mundo, pero consumiendo artesanía se da apoyo a un modelo de vida concreto, al mismo tiempo que nos rodeamos de objetos que nos hacen sentir mejor cuando los tenemos cerca.

Para elaborarla, cada pieza ha de pasar por unos procesos que necesitan dedicación y también paciencia. ¿Cuánto tiempo te requiere hacer una de ellas?
Las piezas las trabajo por lotes: cuando hago una taza, no hago una sola sino que preparo unas cuantas juntas. Pero cada una de ellas hay que tornearla, dejarla reposar, pulirla. En este punto es cuando añado asas o caños, si se da el caso. Después hay que secarla, hacer una primera cocción, enfriarla, esmaltarla y volver a cocerla. Tras esta segunda cocción la pieza está acabada… ¡Entre todo habrán pasado de 10 a 15 días de trabajo!

«Quiero que mis piezas sirvan para pensar en el valor de aquello que se compra, en cómo se ha producido, en qué condiciones laborales, y en qué se revierte el dinero que cuesta cada una. Cada pieza tiene el valor del trabajo hecho a mano, y consumiendo artesanía se da apoyo a un modelo de vida concreto, al mismo tiempo que nos rodeamos de objetos que nos hacen sentir mejor cuando los tenemos cerca.»

Tu concienciación y respeto hacia la naturaleza se traduce, por ejemplo, en el hecho que los embalajes que utilizas para enviar tus piezas son lo más respetuosos posible con el medio ambiente. Tus creaciones son también ecofriendly, en un mundo en el que la abundancia del plástico es un problema de grandes dimensiones. ¿Qué ventajas tiene el uso de piezas de gres a la hora de poner líquidos y alimentos?
El gres es un material muy duro porque se cuece a muy alta temperatura y eso hace que las piezas resultantes sean resistentes y queden totalmente vitrificadas. Todas las piezas que elaboro pueden ponerse en el lavavajillas y en el microondas, y los esmaltes que utilizo están libres de tóxicos y son, por lo tanto, aptos para contener alimentos.

¿Qué valora tu clientela de tus creaciones?
Creo que es importante rodearse de objetos que nos hagan sentir bien por su belleza. Tener menos, pero de más calidad. Por poner un ejemplo, a mis gatos los quiero mucho, y creo que se merecen mucho más que el que su imagen acabe mal impresa en una taza industrial que se desteñirá al tercer lavado.

¿Cuál ha sido la pieza o el encargo que te ha hecho más ilusión hacer?
Hice la reproducción de una olla de barro para cocer castañas en el fuego. La clienta que me la pidió tenía una muy antigua que no quería utilizar para no estropearla ya que se trataba de una pieza con un gran valor familiar. Así que hice una nueva para dejar descansar a la antigua y poderla conservar.

«Creo que es importante rodearse de objetos que nos hagan sentir bien por su belleza. Tener menos, pero de más calidad.»

¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos, de tu profesión?
Me gusta el trabajo de taller, el torno, los esmaltes, las horneadas, probar de hacer piezas nuevas… Me cuesta un poco más la parte de venta y tener al día el resto de cosas: hacer fotos de las piezas, las redes, la contabilidad…

¿Se puede visitar tu taller?
Sí, siempre que sea con visita concertada ya que no estoy allí en un horario fijo. Tengo el taller dividido en dos espacios: el lugar en el que tengo el torno y, a unos minutos de casa, el cobertizo en el que esmalto y tengo el horno y que es también donde está el huerto.

Estás presente en Facebook, en Instagram… Quien desee conocer y adquirir tu obra, o encargarte una pieza concreta, ¿cómo ha de hacerlo?
En la web www.lavelladeromadriu.cat está la tienda en línea con las piezas disponibles. Además, a través del formulario de contacto o las redes sociales, también es posible ponerse en contacto conmigo para encargos o consultas. En estos momentos tengo piezas en la tienda Moscam de Oliana (Avda Alt Urgell, 12) y en Herbes i Coses de la Seu d’Urgell (Avda Pau Claris, 6). En cuanto a las ferias y muestras, empecé a asistir a finales de 2019, así que espero estar presente en más a medida que se vaya normalizando la situación.

Impartes asimismo talleres y cursos de torno. ¿Qué enseñas y cuál es el perfil de las personas que se apuntan?
He empezado a impartir clases de torno en la Escuela de Arte de la Seu d’Urgell, en grupos muy reducidos, lo que me permite personalizar mucho las clases y adaptarlas al nivel desde donde parta cada uno. Hay gente que empieza desde cero porque es una técnica que le llama la atención y es difícil encontrar clases en esta zona pero también hay quien ya ha tenido algún contacto y lo que quiere es mejorar. Creo que lo que les motiva a venir es el hecho de poder elaborar sus propias piezas de cerámica de principio a fin.

En lo que se refiere a la vida en Oliana, ¿tu trabajo como artesana te permite disponer de tiempo libre para disfrutar de la naturaleza? ¿Qué ventajas y desventajas tiene residir y tener el taller allí?
El hecho de no tener un horario establecido me permite organizar la jornada laboral como mejor me vaya; por lo tanto, si un día hace buen tiempo y quiero salir a caminar, normalmente puedo hacerlo y eso se agradece. En contrapartida, he de desplazarme muchos kilómetros para ir a buscar material o para acceder a determinados servicios. Al final, en la balanza pesan más las cosas buenas pero, como en muchas zonas rurales, se echa de menos una buena conexión a Internet o buenas alternativas de servicio de mensajería, por ejemplo.

«He empezado a impartir clases de torno en la Escuela de Arte de la Seu d’Urgell, en grupos muy reducidos. Creo que, lo que motiva a la gente a venir es el hecho de poder elaborar sus propias piezas de cerámica utilitaria de principio a fin.»

¿Crees que las diferentes expresiones artísticas han de ponerse más en valor a la hora de dinamizar el territorio, como un atractivo patrimonial?
¡Por supuesto! Las gentes de los pueblos queremos poder vivir de la cultura y disfrutar de ella como en las ciudades, y eso pasa por descentralizar recursos y poner en valor las particularidades de cada territorio y las actividades que allí se desarrollan.

¿Invitarías a otras personas a emprender un proyecto como el tuyo? ¿Por qué?
Sí, eso es lo que nos hace falta en los pueblos: gente con ganas de sacar adelante proyectos y colaboraciones para conseguir que vivir en un pueblo sea una realidad real y atractiva. Y aquí, las administraciones, a todos los niveles, han de jugar el papel de poner las cosas fáciles en el momento de empezar.

Finalmente, ¿cómo imaginas tu futuro?
¡Con mucha cerámica!




La Vella de Romadriu

Cerámica artesana utilitaria creada en Oliana e inspirada en el Pirineo

Oliana (Alt Urgell)
Cataluña

Horario: visitas a concretar por teléfono o correo electrónico
Teléfono de contacto: 679 27 27 52

https://www.lavelladeromadriu.cat
Tienda en línea: www.lavelladeromadriu.cat/botiga-online-ceramica
Correo electrónico: hola@lavelladeromadriu.cat

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Persona de contacto: Marta Tarrés Codina

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