Cal Mandrat de Montellà

En el año 2016, Silvia Gaminde y su marido, Javier Güell decidieron iniciar un nuevo proyecto vital en Montellà i Martinet, en la Cerdanya, a 1.250 m de altura. En terrenos de Cal Mandrat, masía centenaria propiedad de la familia que incluye una ermita románica, plantaron un viñedo que en 2020 ha dado sus primeros frutos. Como consecuencia, ha nacido su primer vino, el Campgran de Cal Mandrat.

Vino blanco fresco y ecológico, único y de altura

“Cal Mandrat es como Shangri-La. Ese lugar ficticio de la película Horizontes perdidos que representa un paraíso terrenal, aislado y en el que el tiempo parece no transcurrir.” Así definen su proyecto los impulsores de esta iniciativa localizada en Montellà i Martinet, Javier Güell y Silvia Gaminde. Ambos llevan las riendas: para hacerlo, Silvia dejó su trabajo en el mundo de la empresa para dedicarse a la viticultura en un entorno rodeado de montañas, mientras que Javier es cardiólogo, pero está implicado en el proyecto y en las grandes decisiones. Cuentan también con el asesoramiento y la colaboración de un enólogo y un ingeniero agrónomo, con quienes Silvia expande día a día sus conocimientos.

Su primer vino es el Campgran, un Riesling y Gewürztraminer 2020, que bebe de las viñas localizadas en las tierras fértiles de la alta montaña, con una climatología y serenidad que le dan un carácter especial, a los pies de la sierra del Cadí y los Pirineos. Elaborado posteriormente en el Penedès, Silvia y Javier esperan pronto hacer realidad otro sueño: crear su propia bodega en la Cerdanya. Por el momento han plantado su segunda hectárea.

Hablamos con Silvia para que nos cuente más sobre su historia e ilusiones.

¿Cómo comenzó y por qué el proyecto, en 2016, y por qué elegisteis esta zona para hacerlo realidad, en un territorio de montaña?
Javier es una persona que siempre tiene nuevos proyectos en la cabeza, bien sean a nivel profesional o deportivo, y que necesita nuevas ilusiones. Y yo soy todo lo contrario, conservadora y muy analítica. ¡Quizás por eso nos compenetramos tan bien!

Desde jóvenes, nuestra ilusión era acabar viviendo en la Cerdanya: Javier pasando consulta y yo ocupándome de alguna actividad agrícola o ganadera. ¡Por aquel entonces, hace más de 35 años, todavía no habíamos pensado en las viñas!

La idea, pues, nació muchos años más tarde, a raíz de una comida con unos amigos, quienes habían plantado viñas en la Vall de Lord. Nos explicaron su proyecto y nos encantó. Aunque no teníamos ninguna experiencia previa relacionada con el mundo del vino, pues solamente éramos meros consumidores entusiastas, empezamos a pensar en la posibilidad de emprender una iniciativa similar. Ya disponíamos del terreno, puesto que la masía de Cal Mandrat en Montellà es propiedad de los padres de Javier; así pues, nos pusimos en contacto con Sergio Silguero y Albert Puignau, enólogo e ingeniero agrónomo, respectivamente, quienes hicieron los estudios climatológicos y geológicos necesarios y vieron posible la viabilidad del proyecto.

“Ya desde jóvenes, nuestra ilusión era acabar viviendo en la Cerdanya: Javier pasando consulta y yo ocupándome de alguna actividad agrícola o ganadera.”

La iniciativa debió de suponer un cambio importante para vuestras vidas. ¿Podéis contarnos qué os llevó a dejar incluso vuestro trabajo para dedicaros a emprender Cal Mandrat y cuáles han sido estos cambios? 
Javier hace ya tiempo que visita dos días a la semana en Puigcerdà y en la Seu d’Urgell. Poco a poco va trasladando su consulta de cardiólogo a la Cerdanya. En mi caso, trabajaba en una multinacional y la situación laboral complicada a causa de la pandemia me hizo cambiar la multinacional por el campo, me apunté a cursos de viticultura y enología y entré de lleno en este mundo apasionante.

Actualmente pasamos media semana en Sant Cugat del Vallès, pues Javier tiene su consulta en la clínica Teknon, en Barcelona, y el resto de días en Montellà, aunque yo voy siempre que hace falta. Y la verdad es que cada vez nos da más pereza regresar a Sant Cugat.

A nivel familiar estamos todos involucrados. Cuando estoy en la Cerdanya trabajo la viña y hago trabajo comercial. Cuando estoy en Sant Cugat hago tareas burocráticas, de diseño y marketing… en fin, un poco de todo. Nuestro hijo Javier, de 29 años, compagina su trabajo con la dirección de la elaboración de la página web, y Cristina, de 26, fisioterapeuta, es quien gestiona las redes sociales. Al final, Javier es quien acaba tomando las grandes decisiones. ¡Las cenas en casa se han convertido en consejos de administración!

Por su parte, el padre de Javier, de 90 años, que vive en Montellà, hombre experimentado en los negocios y al que pedimos consejo, cada día pasea entre las viñas. Es un observador que disfruta viéndonos vibrar con el proyecto.

“A nivel familiar estamos todos involucrados: nosotros dos, nuestros hijos, Javier y Cristina, y el padre de Javier, de 90 años, que vive en Montellà, quien nos aconseja, pasea cada día entre las viñas y disfruta viéndonos vibrar con el proyecto.”

¿Cómo han sido estos primeros años de Cal Mandrat? ¿A qué problemas habéis tenido que hacer frente?
Estos primeros años han sido de constante aprendizaje y de sometimiento a los vaivenes climatológicos. El segundo año hubo tal sequía que tuvimos que comprar una manguera de cientos de metros y regar cepa a cepa… ¡hasta 4.000! Cuando acabábamos, teníamos que volver a empezar.

Cada año tenemos un sobresalto: las heladas de primavera cuando las cepas han empezado a brotar, los corzos, pájaros y jabalíes que anhelan nuestras uvas y nos han obligado a cercarlas, las granizadas de agosto cuando la uva está madurando, con lo que hemos tenido que poner unas mallas protectoras…

La viticultura y los procesos asociados de cultivo, elaboración y producción, a esta altura, implican que demos cada paso en función de la climatología. Por ejemplo, esperamos a podar lo más tarde posible para evitar las heladas. Este año, sin embargo, como febrero fue cálido, las cepas empezaron su actividad vegetativa a principios de marzo, aunque las heladas de abril y mayo las han desconcertado y apenas han empezado a brotar a mediados de mayo, cuando en las zonas bajas las viñas ya están floreciendo. En este mismo sentido, realizamos la vendimia a finales de octubre, pues en la alta montaña el ciclo es más tardío. En cuanto a la elaboración en sí, es importante la fermentación maloláctica, para reducir la marcada acidez de los vinos de alta montaña.

“Estos primeros años han sido de constante aprendizaje y de sometimiento a los vaivenes climatológicos. Y es que la viticultura y los procesos asociados de cultivo, elaboración y producción, a esta altura, implican que demos cada paso en función de dicha climatología.”

Para llevar a cabo el proyecto contáis con la ayuda de un enólogo, con quien también os estáis formando. ¿Qué papel ocupa, la viticultura, en vuestras vidas, actualmente?
Contamos con la ayuda de un enólogo y de un ingeniero agrónomo que nos han ido guiando desde el primer día. Sin ellos este proyecto habría sido prácticamente imposible. Yo estoy realizando un curso en la Wine Business School, en Vilafranca del Penedès, sobre gestión de empresas vitivinícolas, viticultura y enología, y toda la teoría que aprendo los fines de semana la voy poniendo en práctica en Cal Mandrat con la supervisión de Sergio y Albert. Por supuesto, todavía nos queda un larguísimo camino de aprendizaje, lo cual nos anima todavía más.

¿Qué variedades de uva habéis plantado y con cuántas hectáreas contáis, actualmente?
Actualmente tenemos una hectárea de 80 % Riesling, 20 % Gewüztraminer, y recientemente hemos plantado otra hectárea con más Traminer y Chardonnay. La idea es llegar a tener tres hectáreas. Vamos poco a poco…

En la Edad Media ya se hacía vino en la Cerdanya. ¿Creéis que con vuestro proyecto contribuís a recuperar la viticultura en la comarca como arte agrícola tradicional?
Esperemos que sí. Es cierto que las variedades que hemos plantado no son autóctonas, pero nos hace muchísima ilusión que la Cerdanya recupere poco a poco el distintivo de zona de vinos de altura junto con los otros elaboradores del valle.

“Nos hace muchísima ilusión que la Cerdanya recupere poco a poco el distintivo de zona de vinos de altura junto con los otros elaboradores del valle.”

Acabáis de producir vuestro primer vino, el Campgran. ¿Qué lo hace especial y singular?
Campgran, del que hemos elaborado 1.200 botellas, lo definiría como un vino muy elegante. Es muy aromático, fresco y con un final largo. Su acidez queda compensada con la Gewüztraminer, que le da un toque aterciopelado.

Lo que lo hace singular es, por una parte, el clima de montaña, que le confiere un carácter único y lo prepara para evolucionar de manera sorprendente en botella gracias a su acidez natural, característica de los vinos de altura. Y por otra, el mimo y cuidado extremo de las viñas a lo largo de todo su ciclo, pues es en el viñedo donde empieza la elaboración. Nuestro objetivo es hacer un vino que con el tiempo llegue a ser premium.

¿Cuenta con algún distintivo especial? ¿Qué ha determinado su proceso de producción?
Estamos en proceso de certificación de cultivo ecológico. Desde el primer momento hemos querido estar en armonía con el entorno. Este año dejaremos una cubierta vegetal autóctona alterna para regenerar el suelo y mantener la diversidad biológica, de forma que el viñedo pueda resistir mejor las agresiones externas y sea más sostenible.

Prácticamente el 80 % del cultivo es manual. Las podas y la vendimia las hacemos nosotros con ayuda de una persona contratada y que todos los días revisa, arregla y cuida la viña. Es una persona muy meticulosa. También los caballos a veces nos ayudan, comiéndose las malas hierbas.

Por la mañana vendimiamos y por la tarde ya está la uva prensada en el Penedès. ¡No perdemos ni un minuto! La elaboración es delicada. En este caso fermentó a baja temperatura durante cerca de dos semanas y estuvo en contacto en sus lías finas (60 % en inox y 40 % en barrica de roble francés). Esto y la fermentación maloláctica confieren al vino esa sedosidad y complejidad excepcionales.

“Campgran, del que hemos elaborado 1.200 botellas, es un vino muy elegante. Es muy aromático, fresco y con un final largo. Su acidez queda compensada con la Gewüztraminer, que le da un toque aterciopelado.”

Vosotros aprovecháis la climatología extrema y las condiciones propias de esta parte del Pirineo para producir un vino especial, ya que todo el proceso se impregna de estas condiciones. ¿Es muy duro trabajar en este contexto?
Todo el ciclo gira en torno a los caprichos del tiempo. Con el cambio climático el invierno puede llegar a ser cálido respecto a lo que debería ser y, sin embargo, la primavera se acompaña de heladas que retrasan el ciclo vegetativo. En agosto, cuando empieza el envero, son frecuentes las tormentas por la tarde lo que, como he comentado antes, nos ha obligado a poner unas mallas protectoras contra el granizo. 

La climatología decide el momento óptimo de la vendimia, lo cual nos asegura el éxito o el fracaso de la añada. Octubre es un mes crítico, pues bajan las temperaturas considerablemente por la noche y el viento arranca las hojas ya secas, con lo que las uvas quedan más expuestas cuando más delicadas son.

¿Creéis que los consumidores saben valorar el esfuerzo que supone crear un vino a esta altura y el hecho de que el precio pueda reflejar esta singularidad?
Es complicado, sobre todo en un vino blanco joven, pero si se explica bien estamos seguros de que sí lo sabrán valorar. El consumidor de la Cerdanya conoce la climatología de la zona y, por tanto, entiende lo difícil que es conseguir una buena añada.

¿Dónde se puede adquirir y degustar el Campgran, actualmente?
Acabamos de empezar a comercializarlo en la Cerdanya y en Sant Cugat, que es donde vivimos. Estamos haciendo presentaciones en los restaurantes y la acogida está siendo positiva. Actualmente, en la Cerdanya, se puede encontrar en Ramón Rovira Vins i Caves, en Puigcerdà, y en el Turet de Martinet, pero el plan es ir añadiendo más semana a semana.

“Estamos en proceso de certificación de cultivo ecológico. Este año dejaremos una cubierta vegetal autóctona alterna para regenerar el suelo y mantener la diversidad biológica, de forma que el viñedo pueda resistir mejor las agresiones externas y sea más sostenible.”

Actualmente embotelláis en el Penedès pero uno de vuestros objetivos es crear una bodega en la Cerdanya. ¿En qué fase se halla el proyecto? ¿Qué más proyectáis, para el futuro?
En cuanto a la bodega, estamos en la fase inicial de estudio de diferentes propuestas. Es una gran inversión y queremos hacerlo bien, pero la idea es ubicarla en Cal Mandrat. Y en lo que se refiere a otros objetivos, queremos especializarnos en vino blanco, llegar a tener hasta tres hectáreas y una producción de 6.500 o 7.000 botellas. Queremos mantenernos pequeños y poder controlar personalmente todo el proceso desde el brote hasta la botella.

En estos primeros años trabajaremos sin madera (sin barricas), pero quizás cuando podamos elaborar en Cal Mandrat la opción de utilizar barricas de roble francés de diferentes capacidades nos ayudará a dar aún más personalidad al producto y, por qué no decirlo, a darle un grado más de prestigio.

Y también queremos ir integrándonos cada vez más en las actividades que tienen lugar en la comarca y contribuir a promover la Cerdanya a través de los productos que allí se elaboran.

“Queremos especializarnos en vino blanco, llegar a tener hasta tres hectáreas y una producción de 6.500 o 7.000 botellas. Tenemos pensado crear nuestra propia bodega en Cal Mandrat y deseamos integrarnos cada vez más en las actividades que tienen lugar en la comarca y contribuir a promover la Cerdanya a través de los productos que allí se elaboran.»

Finamente, ¿qué implica para vosotros crecer con Cal Mandrat en este entorno? ¿Qué vínculo tenéis con el territorio y la naturaleza que os rodea?
La verdad es que Cal Mandrat es vida. Cada vez que cogemos la carretera de Martinet a Montellà nos maravilla la grandiosidad y belleza del Cadí. Son ya 40 años haciendo ese camino y siempre nos sorprende su majestuosidad.

Nuestros hijos han pasado en Cal Mandrat sus mejores veraneos “asilvestrados”; la viña, desde su inicio va creciendo año tras año y nos maravilla cómo se va adaptando a los vaivenes climatológicos. Tenemos tres potros que han nacido en Cal Mandrat; hay caballos mayores que viven su retiro en libertad, y nosotros vamos acompañando a unos y a otros, aprendiendo cada día de la nobleza, la sabiduría natural y la exigencia de la naturaleza.



Cal Mandrat de Montellà

Vino blanco fresco y ecológico, único y de altura

Cal Mandrat de Montellà
25724 Montellà i Martinet
Baixa Cerdanya
(Lérida)

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