Cal Calsot

En Montellà, un pueblo de montaña pequeño y tranquilo de menos de 100 habitantes, situado al pie de la sierra del Cadí, a 1158 metros de altitud, encontramos Cal Calsot, una masía del siglo XIX convertida en una pequeña casa rural en la que sus responsables cuidan de sus huéspedes como si fueran amigos y del entorno como si fuera su casa. Es el sueño hecho realidad de Lidia y Marc, un espacio en el que han dado alas a la creatividad y han transmitido su manera de vivir, respetando el entorno y la cultura local. Un lugar para disfrutar de la naturaleza y el silencio, para descansar, desconectar, encontrarse a uno mismo y sentirse como —e incluso mejor— ¡que en su propia casa!

La casa rural con encanto para desconectar y disfrutar de la naturaleza

Quien se aloja en Cal Calsot puede percibir, en cada rincón, cómo son Lidia y Marc: “Como dice El Petit de Cal Eril en uno de sus temas —nos explican—, somos transparentes. Lo que hacemos transmite como somos, y es por ser como somos, que lo hacemos como lo hacemos.”

Ambos procedían del mundo del arte y, un buen día, tomaron la decisión de cambiar su manera de vivir. Después de veinte años en Barcelona y aun habiendo disfrutado de la ciudad como universitarios y después trabajando, así como aprovechando la oferta cultural —exposiciones, museos, conciertos, festivales…—, su principal motivación era salir de allí: “No somos originarios de ciudad y, cuando nacieron nuestros hijos, pensamos que, para nosotros, Barcelona no era el escenario que queríamos para verlos crecer. Al mismo tiempo, todos sabemos que la conciliación laboral es un desastre en este país, o por lo menos complicada. Gestionar una casa rural nos parecía una opción que nos permitía resolver todas estas inquietudes, ¡pero materializarlo era casi un sueño! Nos gustaba recibir gente en casa, organizar cenas para los amigos, cocinar y cuidar de los detalles. Era ya un clásico, por ejemplo, ¡celebrar las Nocheviejas en nuestra casa! Teníamos, pues, por así decirlo, aptitudes para podérnoslo plantear.”

Entonces las estrellas se alinearon…

¡Hacia Montellà!

Todo fue sobre ruedas, y el destino escogido para el traslado fue Montellà, situado en una de las zonas menos conocidas de la Cerdanya y el Pirineo, el Baridà. Allí, Lidia y Marc decidieron crear un proyecto desde cero y disfrutar de una forma de vida más pausada, saludable y sostenible en este entorno natural. “Cal Calsot es propiedad de la familia de un buen amigo y, allí, ya habíamos pasado algunos fines de semana. De hecho, siempre le explicamos a nuestra hija que ¡fue allí donde dio sus primeros pasos! El caso es que Cal Calsot quedó vacío y le hacía falta un nuevo uso, y nuestro amigo lo último que deseaba era convertirlo en apartamentos. En aquel momento, nuestra idea dejó de ser bucólica, y empezamos a materializarla. Estamos hablando del año 2008, y pudimos abrir finalmente en 2012.”

Cal Calsot les ha permitido cumplir con su sueño, inventando un espacio para vivir y compartiéndolo con otras personas. El caserío, típico de la Cerdanya de finales del siglo XIX, está catalogado como Patrimonio Cultural Catalán y es símbolo y testimonio de la vida de campo que ha perdurado durante siglos en el Pirineo.
Nos explican que la finca, aunque se encuentra a la entrada del pueblo (en origen, quedaba en las afueras), no queda a la vista: “no es hasta que cruzas la gran portalada y accedes al patio, que percibes su presencia. Todavía tenemos bien presente la vez que la cruzamos; nos quedamos muy impresionados. Una auténtica construcción ceretana, de austeridad sublime, de proporciones precisas, una arquitectura extraordinaria que, seguro, no te deja indiferente… Al mismo tiempo, se trata de una casa viva, puesto que ha estado siempre habitada desde el año 1831, obviamente con distintos usos, como el actual, cuando ha sido convertida en alojamiento rural”.

Lidia y Marc, junto con un buen amigo, crearon la nueva esencia de Cal Calsot, que se ve  reflejada en cada uno de los detalles de la masía. “Nos imaginamos la casa rural ideal, pensando en todas aquellas cosas que nos gustan: la naturaleza, los buenos quesos, el buen vino, conversar, leer, el silencio, los cielos estrellados, el aire puro, la nieve, el arte, la música, el yoga y caminar…” El resultado es un proyecto en el que pueden volcar toda su creatividad y transmitir su manera de vivir, con respeto hacia la idiosincrasia del entorno.

Cal Calsot, caserío típico de la Cerdanya de finales del siglo XIX catalogado como Patrimonio Cultural Catalán, les ha permitido cumplir su sueño, inventando un espacio para vivir y compartiéndolo con otras personas.

Como en casa, en un conjunto arquitectónico singular

Las reformas, iniciadas en 2011 con la conservación del patrimonio y la estructura arquitectónicos de la casa, convirtieron Cal Calsot, en 2012, en un alojamiento rural responsable, sostenible y respetuoso con el medio ambiente, con una conciencia y una filosofía que los propietarios ya tenían en los años ochenta. Tuvieron en cuenta también la calidad, el confort y la simplicidad, aportando creatividad en el diseño de los espacios, creando una parte del mobiliario y escogiendo cuidadosamente cada objeto, cada detalle.

“Si bien el conjunto arquitectónico es singular, lo que creemos que acaba haciéndolo especial —comentan— es el respeto de nuestro proyecto hacia este conjunto y hacia el entorno en el que nos encontramos, ya sea desde los materiales utilizados en la reforma hasta lo que se sirve en la mesa durante las comidas o desayunos, el mobiliario o los pequeños objetos, las cerámicas…; en definitiva, la coherencia de todo ello.”

En las primeras lluvias de ideas y durante la gestación del proyecto, definieron como eje conceptual que la propuesta fuese “zen rural”, un concepto japonés aplicado al Pirineo. “Con los años, ya tenemos bien definido e interiorizado lo que es o no ‘calsotero’, bien sea a la hora de adquirir una silla o cuando diseñamos y producimos un mueble.»

Cal Calsot es pues, en esencia, un alojamiento pequeño, con una capacidad máxima para 12 personas. Dispone de 5 habitaciones (4 habitaciones dobles y una triple/cuádruple) con excelentes vistas, amplias y confortables, luminosas, sin televisor y con baño privado. Son lo suficientemente espaciosas para poder practicar yoga y su diseño racional y funcional transmite calma porque solo hay aquello que es esencial. Los espacios comunes de la casa son la sala de estar, el comedor y el jardín experimental, el antiguo patio que ahora tiene especies de plantas locales del entorno más cercano y las plantas aromáticas con las que condimentan su cocina.

Los tres edificios de Cal Calsot —la casa, el pajar y las cuadras, rodeados por el patio— son un espacio de tranquilidad (para alojarse con niños, la edad mínima es a partir de 12 años) en el que el tiempo se detiene.

Las reformas, que preservaron el patrimonio y la estructura arquitectónica de la casa, convirtieron Cal Calsot en un alojamiento «zen rural» sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Un alojamiento rural responsable

A Lidia y Marc les gusta cuidar de las personas que les visitan, según su manera de entender el proyecto. Cocinan con productos de la tierra, alimentos frescos de temporada, ecológicos y de proximidad, para fomentar la economía local y reducir la huella de carbono, y trabajan en red con pequeños productores artesanos del territorio. Así, por ejemplo, el desayuno, completo y saludable, contiene productos bio, quesos y mantequilla de la Cooperativa del Cadí, mermeladas locales…, mientras que en la carta de la cena se puede escoger entre diferentes vinos y cavas ecológicos de DO catalanas, cervezas artesanas, tés, infusiones o zumos también ecológicos.

«Que el impacto de un alojamiento turístico sea el menor posible —dicen— ha sido una de nuestras obsesiones desde el inicio: siempre hemos creído en los productores locales, ecológicos y de temporada, reducimos los residuos, los plásticos, los envases… en una carrera que es diaria y con retos conseguidos a lo largo de estos años, pero siempre con objetivos de mejora. Nos gusta explicar a nuestros huéspedes que, por ejemplo, recibimos los yogures y la leche en envases de vidrio retornables, y les animamos a llevar cantimplora, que rellenamos con osmosis; servimos el picnic sin generar ningún residuo. También disponemos de un sistema de limpieza y de desinfección pionero, de agua ozonizada, gracias al cual hemos eliminado productos de limpieza y envases múltiples. Los huéspedes no encuentran jabón en envases de un solo uso, ya que el jabón que utilizamos es artesano, ecológico y producido en Catalunya, al igual que el vino que toman para cenar, o la cervecita fresca que pueden degustar a la sombra del tilo, en una tarde de verano en el patio…»

Cocinan con productos de la tierra, alimentos frescos de temporada, ecológicos y de proximidad, para fomentar la economía local y reducir la huella de carbono, y trabajan en red con pequeños productores artesanos del territorio.

En la página web  https://www.calcalsot.com, donde explican ampliamente quiénes son y qué hacen, comentan que gracias a su iniciativa han conocido a otras personas apasionadas por lo que hacen —tejedores, artesanos locales, queseros, carpinteros, ceramistas, ganaderos y agricultores—, que han hecho partícipes de su proyecto. «Tras cada objeto o producto hay una persona y una historia, y todos ellos nos ayudan a hacer de Cal Calsot lo que hemos querido que sea.» Por este motivo trabajan en red con los productores y artesanos del territorio impulsando la economía local, pero también con diferentes asociaciones con las que comparten valores: colaboran con proyectos empresariales de integración social, que ocupan a personas de colectivos desfavorecidos, como la lavandería de la Cooperativa Nougrapats de la Seu d’Urgell o la empresa textil Teixidors de Terrassa,  y con la Asociación Agroalimentaria de la Cerdanya, la Fundación Ecoagroturismo y Somenergia.

 «Tras cada objeto o producto de la casa hay una persona y una historia, y todos ellos nos ayudan a hacer de Cal Calsot lo que hemos querido que sea.»

La esencia: el cuidado del entorno

El emplazamiento privilegiado de Cal Calsot, al pie del Parque Natural del Cadí-Moixeró, permite descansar, relajarse, desconectar, disfrutar de la tranquilidad y el silencio, volver a conectar con uno/a mismo/a, y ofrece a quien se aloja un gran abanico de actividades relacionadas con la naturaleza y la cultura, en un espacio idóneo para desconectar y reconectar con uno/a mismo/a. Puede descubrirse el territorio, de gran belleza, a través de una amplia oferta de actividades ecoturísticas, respetuosas con el entorno: caminando o pedaleando, a caballo o en globo, en invierno esquiando o con raquetas, observando las aves y la fauna local…, acompañados de guías locales que lo conocen a fondo.

Por qué el cuidado del entorno está omnipresente en la esencia de la masía: se procura minimizar el impacto en el mismo siguiendo el modelo de las 5R: «Rechazar, Reducir, Reutilizar, Reparar y Reciclar», con el uso de energías renovables, reduciendo el consumo energético y la contaminación ambiental, y con un montón de acciones relacionadas, que incluyen la selección de los materiales utilizados en la casa (materiales naturales como la madera, la piedra, la lana, el algodón y el lino en los textiles, no contaminantes y saludables para las personas), el uso de aislantes térmicos y acústicos biodegradables, el suministro de energía verde, la promoción del transporte público…, ¡y muchas más!

«Una de nuestras obsesiones es que el impacto de Cal Calsot como alojamiento turístico sea el menor posible; por este motivo, el cuidado del entorno está omnipresente en la esencia de nuestra masía.»

Un cambio, un acierto

Residir en Montellà ha implicado un cambio radical en su vida, en todos los ámbitos, pero afirman que ha sido un acierto en todos los aspectos: «Ver crecer a nuestros hijos aquí arriba, la calidad de vida, trabajar en casa… Podemos afirmar que no nos añoramos y, si bien es cierto que nos encanta ‘bajar’ de vez en cuando, al cabo de 48 horas como máximo, ¡volvemos a estar aquí! Obviamente, hay amistades que ahora son más caras de ver, pero ya nos vamos reencontrando, o suben hasta aquí, ¡claro!»

Con su filosofía de alojamiento, han conocido a mucha gente del Alt Urgell y de la Cerdanya, sus productores, queseros… y el entorno, «con los maravillosos cambios de escenario que nos ofrecen las diferentes estaciones a lo largo del año. Cada una de ellas tiene sus características, su luz, sus colores, es siempre cambiante y sorprendente».

Explican que el hecho de trabajar y vivir en la misma casa conlleva ventajas y desventajas. «Somos autónomos y lo gestionamos todo nosotros, desde la limpieza hasta el diseño gráfico, la jardinería, el huertecito, las compras, la cocina… Diseñamos y producimos muchos de los objetos que hay en Cal Calsot, ilustramos, dibujamos y escribimos para la web, Instagram… Somos muy detallistas y ¡es nuestra forma de ser! Seguramente, en lo que fue la gestación del proyecto, no fuimos del todo conscientes de la implicación que requiere un alojamiento de estas características, y el reto ha sido aprender un oficio que podíamos intuir, pero lo hemos ido puliendo, hemos ido aprendiendo y mejorando la gestión.»

«Pero nos compensa vivir aquí —aseguran—. Ver el Cadí cada mañana, hacer felices a nuestros huéspedes, leer sus comentarios después de su estancia, las valoraciones, ver que entienden y disfrutan de nuestra propuesta y que somos, para muchos de ellos, su residencia en la Cerdanya. Que nuestros hijos estén creciendo aquí, también es muy importante. Seguro que es algo que les quedará para siempre, hagan lo que hagan o vivan allá donde esté su futuro.»

«El hecho de trabajar y vivir en la misma casa tiene pros y contras. Lo gestionamos todo nosotros y eso requiere mucha implicación. Pero, sin duda, nos compensa vivir aquí, ver crecer a nuestros hijos y hacer felices a nuestros huéspedes.»

Disfrutar de la naturaleza durante las cuatro estaciones

En Cal Calsot, la naturaleza lo condiciona y lo establece todo, desde los productos que se ofrecen hasta el paisaje. Para Lidia y Marc, «estar en contacto con ella es una de las razones para estar aquí». Más allá de los días en los que tienen huéspedes, disfrutan de ella todo el año. «En el otoño, nos escapamos al bosque a caminar y, si por el camino encontramos alguna seta, ¡pues fantástico! Salimos a recoger moras para hacer mermelada, disfrutamos de los cambios de color que nos ofrecen los árboles de hoja caduca; quizás llega un frío inesperado y encendemos la estufa de leña…, con el trabajo que supone apilar las tres toneladas de roble y encina que pediremos, y que se suma a las dos toneladas de leña bien seca que ya tenemos de antes del verano… Tenemos que recoger los últimos tomates, calabazas, coles y remolachas del huerto antes de desmantelarlo, recoger el riego, vaciar y limpiar los depósitos de agua…»

«En invierno, si nieva mucho, hay que coger la pala y acondicionar el acceso a la casa, el paso hasta la leñera, el acceso al garaje. Si podemos, nos escapamos a hacer una excursión con raquetas, con la nieve acabada de caer sobre los árboles bien cargados, escuchando el silencio del invierno mientras nieva, algo maravilloso.»

«La primavera es la hora de la naturaleza en ebullición, del deshielo, de los prados de un verde intenso, de la era brotando, las flores por doquier, el Cadí al fondo aún nevado… Tenemos un hashtag en nuestro Instagram que lo recoge, #lesvoresdelscaminssónjardins. ¡Y es que es así! En verano, el trabajo es constante y ¡trabajamos mucho! Pero cuando podemos nos escapamos a unas pozas secretas.»

«La naturaleza lo condiciona y lo establece todo, desde los productos que ofrecemos hasta el paisaje, y estar en contacto con ella es una de las razones para estar aquí.»

Un proyecto repleto de cariño

Cal Calsot es un proyecto repleto de cariño, y esta realidad se transmite en todos los detalles de la masía, y también en el trato hacia los que allí se hospedan. «Tanto en la reforma como en el equipamiento y en cada uno de los detalles de la casa, hemos respetado mucho su estructura, con los materiales, sin excesos ni estridencias y huyendo totalmente de la mal entendida estética rural de aperos de labranza colgados de las paredes. Para nosotros, el descanso no es solamente la comodidad de la cama y una ducha amplia; queremos darlo también mediante la simplicidad, la ausencia, la calidad de un objeto, del ramo de flores que recogemos antes de que lleguen los huéspedes; en definitiva, a través de nuestra mirada. Creemos que todo esto refleja ese vínculo, como un todo.»

A través de su página web transmiten sus valores, proyecto y filosofía y también cuentan en esa plataforma con un buen motor de reservas para que, quien quiera alojarse en Cal Calsot, pueda hacerlo contactando con ellos directamente con las mejores condiciones y ventajas. «Obviamente seguimos en grandes portales, pero cada vez más, del mismo modo que la gente se está concienciando en consumir productos locales, también lo hace reservando directamente en los establecimientos, como es nuestro caso.»

Creen que eso hace que el perfil de cliente se identifique mucho con su propuesta. «Entienden y reciben aquello que une todo el conjunto, desde la aceitera hasta las cerámicas, desde la presentación de los platos hasta los tejidos de la ropa de cama. Aquellos que comparten nuestra mirada nos lo transmiten de palabra y se muestran encantados, ¡y eso es una gran satisfacción! Tenemos unos libros para los huéspedes en los que, de su puño y letra, nos describen, dibujan y narran su experiencia. Los comentarios en Google o Tripadvisor son excelentes pero estos libros en papel son y serán lo que quedará de todo esto, como una recopilación de la felicidad de la gente, que es, en definitiva, el motivo de nuestro trabajo.»

«Nuestros huéspedes entienden y reciben aquello que une todo el conjunto, desde la aceitera hasta las cerámicas, desde la presentación de los platos hasta los tejidos de la ropa de cama. Tenemos unos libros en los que, de su puño y letra, nos describen, dibujan y narran su experiencia. Son una recopilación de la felicidad de la gente.»

Un tejido más productivo y con valores

Uno de los ejes del proyecto es la red tejida con los productores locales y asociaciones que defienden valores comunes para fomentar, entre otros, la economía del territorio, el ecoagroturismo, y disminuir la huella de carbono. «Ese ha sido, desde el principio, uno de los ejes de Cal Calsot. El proyecto nos ha permitido conocer el territorio y sus gentes, aparte, obviamente, de darlo a probar a nuestros huéspedes. En los últimos años, la toma de conciencia en estos ámbitos se ha ido extendiendo —una satisfacción— y ha dado a luz a iniciativas como la Asociación Agroalimentaria de Cerdanya, en la que productores, restauradores y alojamientos que creemos en esos valores nos unimos para conocernos y hacerlo posible. Es fantástico, ¡nos encanta poder explicar que ponemos cara a todo lo que servimos en la mesa! Sin embargo, también es cierto que hay quien se lo toma más como una oportunidad, o como una línea de marketing…, ¡pero ese es ya otro tema!»

Consideran que, aunque es seguro que ese tejido tiene una repercusión positiva para el territorio, en cuanto a sostenibilidad, economía local y circular, no deja de ser una tendencia todavía minoritaria. «Grandes superficies se han implantado en la zona, en detrimento de mercados históricos como el de la Seu, o el de pequeños comerciantes en Bellver, entre otros. Es complicado cambiar los hábitos de consumo, ¡pero poco a poco hay más conciencia!»

Lidia y Marc también trabajan con asociaciones y entidades que promueven valores como la integración social: «hacen un excelente trabajo, ya no solo de integración sino también profesionalmente, y poder colaborar con ellas es fantástico. Lo que no entiendo es por qué no está más extendido y se regula y se establece un ratio mínimo de integración en las empresas. Nos gusta poder poner nuestro granito de arena y, en contrapartida, trabajar con estos colectivos aporta un valor añadido a nuestro negocio».

«Con proyectos como por ejemplo la Asociación Agroalimentaria de Cerdanya, en la que participan productores, restauradores y alojamientos con unos valores comunes, ¡nos encanta poder explicar que ponemos cara a todo lo que servimos en la mesa!»

Las prioridades

En cuanto al respeto y la protección del medio ambiente, las prioridades de Cal Calsot son más que evidentes, un aspecto que también se traslada, por ejemplo, al tipo de actividades que proponen a sus huéspedes. «La verdad es que no somos unos ultramilitantes del turismo sostenible; simplemente proponemos aquello que encaja con nuestra manera de ser, que no deja de estar en consonancia con lo que proponemos como alojamiento. Todo forma parte del mismo hilo conductor; recomendar una salida con quads o buggies no nos sale del corazón, ¡la verdad!»

Hablamos del futuro del entorno y de sus posibles cambios, fruto de la voluntad de una parte de la sociedad de regresar a las raíces y al medio natural: «lo que ya es evidente es que la vida en la ciudad se está complicando cada vez más. La gente se ve obligada a marcharse y replantearse muchas cosas. Y no es fácil, irse de allí. Tenemos amigos que, al tercer día de estar aquí arriba, ¡han de enchufarse a un tubo de escape para compensar tanto aire puro y tanta calma! Estamos exagerando, claro, pero es cierto que otros se plantean o se han planteado ya convertirse en pastores, producir queso, gestionar campos, apostar por una agricultura más sostenible y ecológica…; es esa parte de la sociedad la que interesa que venga, aunque muchas veces es complicado. La especulación inmobiliaria también es un problema para poder establecerse aquí, en la Cerdanya, con unos precios pensados para esquiadores y jugadores de golf… Si no se implantan políticas reguladoras sobre ese aspecto, todas esas ilusiones y proyectos tendrán que buscarse otro territorio, y es una lástima».

«Hay quien, en la ciudad, ya se plantea un cambio: convertirse en pastor, producir queso, gestionar campos, apostar por una agricultura más sostenible y ecológica…; ¡es esa parte de la sociedad la que es más interesante que venga!»

Hace ya nueve años que abrieron sus puertas y confían en seguir adelante: «de momento seguimos animados y suponemos que nos iremos adaptando según nuestras necesidades u otras inquietudes, esperando poder mantener vivo Cal Calsot, conservando su esencia».

Fotografías realizadas por Anna Sastre (@motiva).



Cal Calsot

La casa rural con encanto para desconectar y disfrutar de la naturaleza

C/ Tossal, 2
25725 Montellà de Cadí
Cerdanya (Lérida)

Tel.: 973 515 369 (de lunes a sábado, de 9.00 h a 13.00 h y de 15.00 h a 19.00 h)

www.calcalsot.com
casarural@calcalsot.com

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